Primera asamblea aristofánica en Barcelona

Primera parte: derrumbando mitos. La obra que tenemos entre manos es una bomba. Aristófanes no solo no es feminista sino que, además, su misión es criticar la asamblea porque, según él, impide que se tomen decisiones. Nos lo cuenta una de las asistentes, Francesca Mestre, catedrática de Griego de la UB. Según ella, esta obra nace en un contexto de postguerra y de crisis tan profunda que el punto de partida es que ya no hay nada que perder. “Lleva la paradoja a la hipérbole: todo es tan, tan horrible que lo último de lo último sería dar el poder a las mujeres”, explica Mestre. Sin embargo, sin quererlo, es protocomunista: “Los valores que acaban instaurando las mujeres en la obra, a nuestros ojos son buenos”. “¿Qué importa si Aristófanes era machista y quisiera acabar con las asambleas? Los clásicos están para poder reinterpretarlos”, asegura Mestre.

Media parte: Somos 13 personas en el aula Gabriel Oliver de la facultad de Filología. Han venido profesoras del departamento de Clásicas y mujeres que acudieron por nuestras llamadas aristofánicas en redes. También -pura luz- Gloria Balañà, directora de teatro, con Nuria, Gabi y Arnau, tres estudiantes del Institut del Teatre, donde ella da clases. Forman parte de la asamblea formada por estudiantes que se organizó el 1 de octubre para poder mantener abierto el colegio electoral. Ahora siguen en activo (como muchos) como núcleo de acción en el barrio y por lo que pueda pasar. Ellos se reparten los papeles y leen la obra. Es un gustazo. Qué voces y qué interpretación, desde la primera línea. Son un regalo. Tan divertido que cuando Gloria propone parar y empezar el debate para ver cómo reescribimos la obra, las personas que han venido a escucharla pedimos que sigan. Que acabemos, hasta el final. La última parte, Arnau incluso canta. Enhorabuena, qué fuerza. Nos seguimos riendo. La traducción en catalán de ‘Las asambleístas’ es tan poética, tan fiel… que sus frases kilométricas y esos términos jamás utilizados nos llevan a un plano tan lejos de nuestra realidad que mira, nos lo pasamos muy bien.

Última parte: qué hacemos con esto. Imposible que una adaptación de la obra no incorpore referencias a lo que estamos viviendo estos días. ¿Mantendríamos el grupo de mujeres disfrazadas de hombre o sería un grupo mixto? Nos gusta Praxágora como lideresa -tengo una idea y tengo un camino- pero ¿por qué sus diálogos son tan unidireccionales? ¿Hay lugar al debate y a la duda entre las mujeres? No se ve negociación en la obra, en absoluto. Realmente la democracia era otra cosa. Y, por otro lado, todo es pura comedia. ¿Vale la pena mantener este tono de humor o tendríamos que girar hacia la tragedia para poder hacer algo más intenso? ¿Se nos queda corta la parodia y el humor para reflejar la crisis y el conflicto en Cataluña? ¿Revolución -lo cambiamos todo- o resistencia -reintepretación de los hechos-? Seguimos trabajando. Próximamente, más.