Primera asamblea aristofánica en Madrid

Nos reunimos por primera vez, la noche antes del simbólico 12 de octubre, algunas de las aristofánicas: Praxágora, Clináreta, Sóstrata, Filéneta, Melística, Gentrístata….

Teatro del Barrio, vino tinto, risas, entusiasmo, preocupación, preguntas. Tenemos en común muchas cosas: la mirada crítica hacia unos gobernantes encasquillados en sus discursos autoritarios, la mirada cuestionadora sobre las circunstancias que nos han llevado a la fractura social que hoy tenemos, la tristeza o la rabia a partir de las escenas cotidianas de tensión.

Somos irónicas con los arquetipos y los topicazos. Llegamos agotadas porque trabajamos mucho. Estamos muy vivas.

El texto “Asamblea de mujeres” es el punto de partida que nos va a llevar a un viaje de replanteamiento, de reescritura, de dudas sobre los discursos superficiales. Un viaje avituallado de humor, de risas, de anécdotas compartidas y de solidaridad. Empezamos desmitificando al pobre Aristófanes que, aún contextualizado en otro tiempo y en otro lugar, no merece, ni de lejos, la etiqueta de supuesto escritor protofeminista. Sin duda, nos vale mucho la idea de la asamblea de mujeres, de ese grupo de valientes encabezadas por Praxágora que toman el gobierno de Atenas y lo modifican sustancialmente. Nos vale mucho la imagen y la propuesta estética de esas mujeres con barbas postizas que roban los mantos a sus maridos y toman el poder.

Pero aquí y ahora, en esta España convulsa de finales de 2017, con tantos factores complejos en liza, queremos ir más allá y desenmascarar las visiones feministas light, complacientes y epidérmicas que se defienden habitualmente. La asamblea de mujeres como punto de partida para desarrollar un planteamiento verdaderamente cuestionador del patriarcado real y para reflexionar sobre cómo ese patriarcado está funcionando en el desarrollo del conflicto en torno al Procés.

“Sobra testosterona”, decíamos en nuestro manifiesto, “falta una hoja de ruta”. Aquí estamos con la idea de plantear espacios de diálogo real. De la misma manera que cuestionamos las versiones edulcoradas de feminismo, en este momento sentimos que se nos está esquilmando el lenguaje, que hay una apropiación semántica de palabras como “democracia”, “diálogo”, “pueblo catalán”, “pueblo español”, “unidad”, “patria” y “libertad”. Quien tiene el poder coloniza el lenguaje y aquí estamos asistiendo a una ceremonia de confusión perversa por sistema. Las aristofánicas nos reunimos a debatir sobre las palabras, sobre nuestro espacio de expresión y sobre los papeles preasignados que nos negamos a representar.

Empezamos a leer el texto de Aristófanes con rigor y surgen muchas vías de cuestionamiento, pero también hallazgos narrativos importantes para ser reescritos y reflexionados. La emergencia nos genera tensión y tristeza, pero también espacios para la catarsis griega de la que puede salir algo distinto, nuevo, más purificado. Nos reímos, nos acompañamos, nos contamos, nos escuchamos, nos interpretamos. De lo emocional a lo formal, de la realidad a la ficción; queremos ampliar las miras y recuperar la palabra. Sin aspavientos, sin ceremonias vacías, sin sobreactuaciones, sin tantas fotos posadas.

Acabamos la noche con una buena pregunta ¿tardarán menos ellos en modificar la Constitución o nosotras en escribir nuestra propia “asamblea de mujeres”?

Llamamiento a Práxagoras / Crida a Praxàgores

“Las asambleístas” o “La asamblea de mujeres” de Aristófanes es una comedia que se representó en torno al 392 a.C. en Atenas. Para entonces, Atenas ya había perdido mucho lustre y esa imagen que tenemos de filósofos declamando en el ágora y participando en la vida política de la ciudad se había estropeado bastante. Se dice que para aquella época, los políticos —¡horror!— cobraban por participar en la Asamblea Popular, donde se tomaban las decisiones que afectaban a la ciudad. Y que los políticos —¡terror!— eran personas corruptas al servicio de intereses privados.

Así que Aristófanes se inventó esta parodia de la clase política y puso como protagonistas a las mujeres. Praxágora y sus colegas deciden colarse en los órganos de poder de Atenas y proponer, disfrazadas de hombres, un cambio radical en la política, basado en la igualdad y el ejercicio de la democracia. Pero no nos engañemos. Aristófanes no fue, ni mucho menos, un protofeminista. Por el contrario, usó toda una serie de estereotipos y tópicos machistas como herramientas para parodiar la situación lamentable en la que se encontraba Atenas. No proponía una igualdad entre hombres y mujeres, tampoco una igualdad de clases, puesto que defendía la esclavitud.

Y sin embargo, nos interesa el espíritu aristofánico. Por eso queremos reescribir una “Asamblea de las mujeres” que reviente el discurso del poder desde nuestra concepción contemporánea de la democracia. Y así acabar con la política de confrontación que lleva al odio y a la división social y que desprecia el diálogo como fundamento de la buena política.

Por eso hacemos un llamamiento a las Praxágoras de este país:

  1. Convocad asambleas de personas que apoyen esta visión de la política en vuestras ciudades y pueblos
  2. Leed juntas y en voz alta el texto de Aristófanes (pdf descargable aquí)
  3. Comentadlo y apuntad ideas para transformarlo y que represente el espíritu de las nuevas aristofánicas
  4. Enviad vuestros comentarios a info@aristofanicas.com
  5. Nuestro grupo de escritoras recogerá vuestras ideas y las usará como inspiración para su ejercicio de reescritura

¡¡Disfrutad las asambleas, haceros fotos, grabad vídeos, compartidlo en las redes!! Twitter @aristofanicas #aristofàniques #aristofánicas #NosotrasParlem